Al iniciar este tiempo de Cuaresma, se nos invita a vivirlo como una oportunidad para acercarnos a Dios, a nosotros mismos y a quienes nos rodean de manera más profunda. La Cuaresma nos recuerda que todos estamos en un camino de transformación, un camino donde el amor, la esperanza y la vida nueva de Jesús nos acompañan.
En el día a día, es fácil esconderse tras “máscaras”: inseguridades, preocupaciones o el deseo de complacer a los demás. Sin embargo, Jesús invita a mirar más allá de esas máscaras y a descubrir la verdadera identidad: la de hijos e hijas amados de Dios, únicos y valiosos, llamados a vivir con propósito y alegría.
Este tiempo es también un momento para reflexionar sobre la pregunta de Jesús: “¿Quién decís que soy yo?”. Es un llamado a descubrir quién es Él en nuestra vida y, al mismo tiempo, quiénes somos nosotros a la luz de su amor. La Cuaresma nos ofrece la oportunidad de abrir los corazones, escucharnos, acompañarnos, apoyarnos y compartir momentos de oración, reflexión y cercanía. Ser auténticos y vivir con verdad acerca más a Dios y a los demás, y permite sentir la cercanía del amor de Jesús incluso en los gestos más sencillos del día a día.
Que esta Cuaresma sea un tiempo de luz, un tiempo para mirar con ternura, dar razones para vivir con esperanza y recordar que, así como Jesús resucitó a la vida, todos estamos llamados a renacer cada día en amor, autenticidad y fe, descubriendo en Él nuestra guía y nuestra verdadera identidad.







