Comenzamos un nuevo curso con un lema que quiere acompañarnos en cada paso: «Que nada te quite la alegría».
Vivimos tiempos llenos de retos, cambios e incertidumbres. Sabemos que educar no siempre es fácil y que aprender también exige esfuerzo, constancia y, en ocasiones, superar dificultades. Sin embargo, nosotros/as sabemos que la verdadera alegría no depende de que todo salga bien, sino de la certeza de que Dios camina con nosotros.
Jesús, en el Evangelio de san Juan, promete a sus discípulos que la tristeza no tendrá la última palabra y que nadie podrá arrebatarles la alegría que nace de su presencia. Es una alegría profunda, que brota de la confianza, de la esperanza y del amor; una alegría que sostiene, anima y da sentido a la vida cotidiana.
«En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa.»
Juan 16, 20-24
En nuestro colegio queremos que esa alegría sea el sello de nuestra forma de educar y de convivir. Una alegría que se expresa en una sonrisa, en una palabra de ánimo, en la acogida, en el esfuerzo compartido y en la confianza mutua. Una alegría que ayuda a crear un clima donde cada alumno pueda crecer sintiéndose querido, valorado y acompañado.
San Pedro Poveda nos recuerda que «la alegría sea vuestro distintivo» y que el buen humor, la dulzura y la afabilidad son caminos para ganar los corazones. Su invitación sigue siendo hoy un reto para todos: vivir con esperanza, mirar a cada persona con cariño y hacer de nuestras aulas y de nuestras familias espacios donde la alegría tenga siempre la última palabra.
Que este nuevo curso sea una oportunidad para aprender, crecer y caminar juntos. Que, como comunidad educativa, sepamos descubrir cada día los pequeños motivos para dar gracias y transmitir esperanza. Porque cuando la alegría nace de Dios y se comparte con los demás, se multiplica.







